jueves, 25 de marzo de 2021

Jesus de Nazaret

 


"Tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna" -Evangelio de Juan 3:16

"Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie viene al Padre, sino por mí" -Juan 14:6

La película para los días de la pascua, lo fue en los ochenta y así debería ser ahora. Para días en los que el via crucis, las peregrinaciones por los caminos de flores y la conmemoración de la liberación otorgada a la humanidad por el Hijo del Dios único y verdadero en la cruz del calvario están en el centro del alma de todo aquél que quiera acogerse a la salvación por su sangre. La película de Franco Zeffirelli es exquisita en todos los sentidos, interpretaciones soberbias por parte de un elenco de actores inmejorable, puesta en escena pictórica en un sentido clásico o renacentista y una emotiva banda sonora que nos traslada al siglo I de la era cristiana. El estuche que pudimos ver en el videoclub de los ochenta, con doble cinta VHS, contiene el montaje cinematográfico de cuatro horas de duración aproximadamente, y a pesar de que se notan los recortes efectuados sobre la versión íntegra de seis horas de duración, este montaje preserva el mensaje fundamental del evangelio en algunos de sus pasajes más representativos. En especial, destacar el doblaje original de los años setenta, imprescindible por la calidad interpretativa también por parte de los actores del doblaje en español ( ojo a la voz de Ricardo Solans ), y huir como de la peste del espantoso redoblaje efectuado más recientemente. Por otro lado, el Cristo ario que nos presenta Zeffirelli es representativo del tratamiento y caracterización física de los personajes principales, enfatizando los rostros angelicales y llenos de nobleza, lo que la convierte en una mirada idealista y muy europea. El viaje espiritual ( porque eso es la película al fin y al cabo, un viaje hacia la Cruz ), no obstante, se sostiene en la palabra, en la emotividad de ciertos actos en determinados escenarios y pasajes bíblicos. 

domingo, 21 de febrero de 2021

Demons 2

 


Demons 2 era y es ese lugar donde la demonología y la crítica a la televisión y a sus excesos confluyen, sin demasiadas pretensiones más allá del susto fácil y la hemoglobina, pero ahí está todo expresado: la hipnosis colectica producida a través del la programación televisiva entendida como forma de evasión, y la imagen televisiva como medio a través del cual los demonios entran en nuestra vida. ¿Mirar la televisión puede ser una forma de espiritismo? ¿de invocar y atraer hacia nosotros a los espíritus malignos?. Es más, entonces mirar cine de terror, sin los necesarios filtros, como hacen algunos personajes de la película, puede ser una forma de abrir una ventana hacia el mundo de los demonios. 

Fijémonos: la película empieza como queriendo ser la secuela de Demons, la secuela que todos queríamos ver. Pero posteriormente se convierte en un reboot de aquella donde los personajes son los que miran la verdadera secuela de Demons, y al querer mirarla son condenados al infierno, a excepción de la inocente pareja, acompañada de un bebé, que sobrevive al final. Traducido: si quieres ver la secuela de Demons, has de saber que respondes, como ser manipulado y consumista, a una estrategia comercial y de marketing que, en el trasfondo de la realidad que nadie puede percibir, está dirigida por Satanás. El televisor es un invento satánico y los niños no deben ver esas cosas. Por ahí anda el juego y el mensaje de carácter irónico de Demons 2. La mala de la película, por otra parte, es Sally, la chica malhumorada que está celebrando su cumpleaños y que será el hilo conductor hasta el final. El mal humor de Sally se apaga con la hipnosis inducida por el televisor, ese medio de evasión que termina envenando el alma. ¿Y qué hace un niño de 7 años solo en casa viendo cine de terror?. 

El edificio ultratecnológico donde transcurre la acción se convierte en imagen del tipo de sociedad que se estaba configurando ya en aquella década: la vida del vecindario regida por la programación televisiva y las fiestas banales, terreno abonado para que los demonios campen a sus anchas y lo arrasen todo. Como cuento de terror, tiene esos ingredientes que la hacen "mágica": desde el momento en que el edificio se queda sin luz, y los residentes empìezan a iluminar la escena con la luz de las velas, y los rugidos demoniacos acechando desde los pasillos, escaleras, el foso y el hueco del ascensor. El cine de terror no hace una demonización de la sociedad, te hace imaginar el lado oscuro de tu vecindario, que un día de repente todos enloquecieran:


Al final, la pareja de inocentes conciben un bebé, algo que Sally parece odiar y por eso va a por ellos, pues la nueva vida encarnada en un bebé, y el amor de una madre, vencen a todas las manipulaciones y a todos los hechizos demoniacos. La secuencia donde el protagonista incendia los televisores para impedir que los demonios se apoderen del mundo es catárquica y contiene todo el mensaje de la película: ¡QUE ARDAN LOS TELEVISORES!. La televisión te posee con sus entretenimientos, mentiras o medias verdades y sugestiones. Una forma de posesión demoniaca.

Taron y el caldero mágico