
Esta película es cine fantástico genuino y muy especial, que habla de cómo la dimensión espiritual y daimónica de la realidad transcurre de forma paralela a la realidad cotidiana, a nuestros problemas, disyuntivas o quehaceres diarios, donde los demonios tratan de desviarnos del camino recto. Una dimensión a la cual el protagonista accede mediante el acto de dormir y soñar, principalmente, pero por otra parte es el mismo Mestema (los daimones) quien lo introduce en el reino del Averno desde el estado de vigilia aparentemente normal. Un cine genial y que ya parecía extinto, hasta que, por cierto, recientemente ha llegado Masters of the Universe (2026), la culminación y obra maestra definitiva sobre ese mismo mensaje y contenido (lo mismo que hace Spielberg en El día de la revelación: desde la mitología ufológica en su caso, revelar que el ser humano vive en una realidad poblada de otras inteligencias de carácter interdimensional). Una lástima que, por lo visto en la taquilla, sean obras condenadas a habitar en un reducido nicho.
El argumento de fondo es el siguiente: hay un matrimonio en proyecto, y Satanás-Mestema quiere destruirlo, apartar a Paul de su novia. Para ello, trata de tentarlo y seducirlo, y utiliza las habilidades tecnológicas e informáticas de Paul como reclamo para enfrentarlo a él y para envanecerlo. Es muy importante el gesto final de Paul, cuando decide quitarse el brazalete excalibrator (representación de su ego) antes de enfrentarse a Mestema cara a cara y solo con los puños. Es un acto de humildad y una forma de salir del juego que Mestema, a manera de trampa seductora, le ha propuesto. Paul vence a Satanás renunciando a una parte muy importante de su propio ser, en un claro gesto de abnegación.
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